sábado, 5 de noviembre de 2016

Fernando Ramírez Morales: Cuando el macho también es facho.

 
Fernando Ramírez Morales: Cuando el macho también es facho. Natalia Guíñez, Licenciada en Historia U de Chile y Esteban Miranda, Magister de historia de la USACh.

Esta columna es producto de una investigación de archivo realizada con sumarios administrativos de dictadura que confirman el rol de delator asumido por Fernando Ramírez Morales, académico desvinculado del Departamento de Historia de la Universidad de Chile tras un sumario administrativo que lo encontró culpable de acoso psicológico y abuso de poder.

Hace algunas semanas, Fernando Ramírez Morales, académico desvinculado del Departamento de Historia de la Universidad de Chile tras un sumario administrativo que lo encontró culpable de acoso psicológico y abuso de poder, presentó una querella contra cuatro estudiantes que se atrevieron a denunciarlo. En una reciente entrevista con el diario La Segunda, además de explicar los detalles del oficio presentado a la Contraloría de la República donde aduce injurias con publicidad en medio de las acusaciones de acoso en su contra, intenta desmentir los hechos señalando que “la fiscal Pamela Chávez reconoció que era feminista” y que el proceso representa un fenómeno de persecución política. Ramírez, quien todavía trabaja con una decena de niñas en el colegio Sagrados Corazones Monjas Inglesas[1], declaró al medio de la familia Edwards: “el Campus Gómez Millas es lo más parecido a Siria. Los profesores vivimos con miedo. Debo ser el único profesor que no es de izquierda. Y si no eres marxista, eres un fascista. De hecho, me dicen ‘el facho Ramírez’, porque me sindican como colaborador de la dictadura por declarar en un sumario en el 78” [2].

Frente a esta situación, es fundamental que seamos claros: la acción judicial interpuesta por Ramírez sigue en proceso, pero el fallo del sumario en su contra terminó con su destitución y la prohibición de ejercer en cargos públicos por cinco años. Además, la Universidad de Chile y, particularmente, su Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género ha apoyado a las estudiantes acusadas, y su defensa ha sido asumida por el decano de la Facultad de Derecho de la misma casa de estudios, Davor Harasic. Paralelamente, miles de mujeres y hombres han demostrado su apoyo a las compañeras y han seguido de cerca el proceso. Pero hagamos un breve alto: aprovechando que el propio implicado ha vuelto a señalar los “mitos” que se han creado en torno a su figura, entonces aclaremos algunas situaciones, para bien de nuestra propia memoria histórica y de la verdad silenciada por tantos años en los pasillos de la Universidad.

Se ha dicho que Ramírez fue un reconocido delator (un “sapo”) en los años más crudos de la dictadura. Incluso el propio Fernando Ramírez, durante su trayectoria como profesor, se desligó varias veces en público de estos rumores indicando que, en realidad, quien cumplió dicha labor fue Eduardo Ramírez, y que las acusaciones en su contra sólo eran fruto de una confusión de nombres. También se dijo que los sumarios administrativos no existían, a pesar de que fueron revelados parcialmente el año 2013 -con motivo de la conmemoración de los cuarenta años del Golpe de Estado- en el libro “Las Huellas de un Acecho. Ensayos, reflexiones, relatos y documentos sobre la intervención militar en la Universidad de Chile”[3].

Hoy, y como parte de una desesperada defensa, Ramírez ha aceptado su participación en un sumario realizado en 1978, pero señalando que declaró en este proceso sin ninguna intención política. Sin embargo, al momento de realizar un acucioso trabajo de archivo y examinar el sumario administrativo del año referido, es posible confirmar que Fernando Ramírez Morales, cuando cursaba el noveno semestre de Pedagogía en Historia y Geografía de la Facultad de Ciencias Humanas, tenía plena conciencia del ejercicio delator que estaba realizando contra sus compañeros de universidad. En éste, Gonzalo Duarte Leiva, Waldo Guzmán Banda, José Hidalgo Zamora, Juan Claudio Reyes Saldías, Juan Carlos Rozas Rodríguez, Eduardo Medina Hernández, Alejandro Padilla Sanhueza, Rodolfo Fortunatti Molina, María Velázquez Palma y Carlos Onofre Valdebenito Donoso son acusados de participar en actividades no autorizadas los días 8 y 11 de septiembre al interior del Campus Macul. Se dice que éstas tuvieron un marcado carácter político, agravadas además -el día 11 de septiembre- por entonar el himno nacional e izar la bandera chilena.

Todos los estudiantes señalados fueron sometidos a proceso, y el sumario concluyó con la expulsión de Reyes, la cancelación de matrícula de Rozas, la “suspensión de toda actividad universitaria por un semestre” de Guzmán, Padilla, Medina, Fortunatti, Hidalgo, Blasquez y Duarte, y la “suspensión de toda actividad universitaria por treinta días” de Onofre. No obstante, este proceso, así como sus sanciones, se sostuvieron, como consta en el texto consultado, sólo en dos declaraciones: las de la -impuesta- Decana de la Facultad de Educación, Lucía Izoard; y la de Fernando Ramírez Morales. Como señalará en la apelación de Gonzalo Duarte el Jefe de la Dirección Jurídica de la Universidad, Julio Salas Romo, “todo el resto de los declarantes [incluyendo a Cecilia Magni, quien ese año se encontraba cursando el cuarto año de sociología en la Universidad de Chile], sostienen que la reunión del día 8 de septiembre tuvo un cariz netamente estudiantil y que el contenido político solo vino a aflorar el 11 de ese mes”[4]. De hecho, el propio Duarte indica que Ramírez habría mantenido constantemente una actitud “deseosa de determinar culpabilidades, con un marcado interés político partidista en sus declaraciones”[5]. Éste, además, es indicado por diversos estudiantes de la época como el más ávido informante de la dictadura en comparación con otros estudiantes que se prestaban para declarar en contra de sus compañeros. Su diferencia radica principalmente en la caracterización política y en la plena identificación que mantiene del resto de la comunidad universitaria a la hora de delatar.

Analizando detalladamente el documento también es posible darse cuenta que la declaración de Ramírez no responde a la entrevista estándar realizada al resto de los testigos que participan del proceso. Tras la sugerencia del propio Ramírez, el entonces estudiante realiza un pormenorizado informe de los hechos, detallando cronológicamente los hechos que habrían ocurrido ambos días. En la primera parte del informe no sólo ratifica su constante trabajo junto a Eduardo Ramírez Sánchez, sino que señala incisivamente a Miguel Ángel Salazar como líder del movimiento, a quien dice “conocer perfectamente” por su desempeño como presidente de la FESES el año 1973[6]. Además, en uno de los párrafos deja clara su propia función, cuando declara:

Nos pusimos a su lado con la intención de identificar a la mayor cantidad de participantes. Salazar, en su discurso, pedía mayor participación democrática en la Universidad. Decía que el sistema de dictadura dentro de la Universidad no podía seguir, afirmando al mismo tiempo que los estudiantes debían unirse para elegir libremente los Centros de Alumnos. Su discurso duró aproximadamente 10 minutos[7].

Posteriormente, Fernando Ramírez realiza una descripción detallada de quienes apunta como activistas de la reunión, realizando un perfil pormenorizado donde incluía las militancias de cada uno de los señalados (DC, PC y MIR) y su participación en diversos espacios sociales. En su declaración acusaba, además, que éstos gritaban y entonaban gritos en contra de Pinochet y los militares en el poder, y llegó a señalar que un estudiante apodado “Guayacán”, de apellido Hidalgo, vociferó la existencia de una bomba, comprometiéndose a entregar a la Fiscalía la identidad exacta del acusado. No bastando con esto, Ramírez indica que habría visto participando, fuera de la Universidad, a Juan Claudio Reyes en “los incidentes de los días 2 y 3 de enero del presente año, en el Paseo Ahumada, a raíz de la consulta nacional”[8], lo que demuestra su accionar en diversos momentos y espacios.

Tres años después del sumario que aquí hemos reseñado, Fernando Ramírez Morales fue contratado como profesor de la Universidad de Chile (1981), puesto que mantuvo durante 35 años. Hoy, y en medio de su propia defensa, Ramírez ha dicho que quiere que se borre la tacha que pusieron sobre su nombre. Nosotros, por el contrario, somos enfáticos: en medio de la campaña contra los femicidios y la violencia de género, las acciones por las que fue sancionado Ramírez no pueden quedar en la impunidad. De la misma forma, y a más de cuarenta años del Golpe de Estado, es también labor de nuestra generación dar a conocer los nombres de todos y cada uno de los colaboradores de la dictadura. Esa, creemos, es la única manera de aportar una pequeña cuota de verdad y de justicia tras tanto tiempo de complicidad y de silencio. Esa es, finalmente, nuestra propia manera de gritar conjuntamente: ¡Para que nunca más!

[1] De hecho, según la propia página de la institución, se realizaron tres salidas a terreno dirigidas por Fernando Ramírez Morales, los días viernes 30 de septiembre, 14 de octubre y 21 de octubre.
[2] “Destituido profesor de la U. de Chile: ‘La fiscal era feminista’”. La Segunda, 25 de octubre de 2016.
[3] Véase, en particular, “Asedio al mundo estudiantil”, apartado “Cantar la Canción Nacional e izar el Pabellón Patrio en forma irreverente, irrespetuosa e insolente. Sumario, Sociología, 1978”. En: VV.AA. Las huellas de un acecho. Ensayos, reflexiones, relatos y documentos sobre la intervención militar en la Universidad de Chile. Tinta Azul, Universidad de Chile, 2013.
[4] Sumario administrativo, Dirección Jurídica de la Universidad de Chile, 9 de octubre de 1978, p. 126.
[5] Apelación a la resolución de la Fiscalía General del 13 de septiembre de 1978. 23 de marzo de 1979.
[6] Declaración Sumaria de Fernando Ramírez Morales, realizada el día 25 de septiembre de 1978 ante la Fiscalía Instructora, p.66.
[7] Ibíd., p. 65.
[8] Ibíd., p. 67. ++++++++++++++++++++++++++++++

U. de Chile: Académico destituido por acoso se querella contra estudiantes que lo denunciaron. La defensa de las estudiantes la asumirá el decano de la Facultad de Derecho, Davor Harasic, en “señal de respaldo a las estudiantes que denuncian”, explican desde la Universidad de Chile. Ramírez presentó como testigo al académico Leonardo León, también denunciado y sumariado por acoso en la Universidad de Valparaíso. Por Antonia Orellana

El 27 de septiembre pasado el abogado Ramón Sepúlveda Castillo (defensor del ex funcionario del SII Juan Martínez en el caso Penta y querellante en el escándalo de AC Inversions) ingresó al Octavo Juzgado de Garantía una querella contra cuatro estudiantes de Licenciatura en Historia de la Universidad de Chile. Según el desvinculado profesor de la misma carrera, Fernando Ramírez Morales, las alumnas María Ignacia León, Francisca Orellana, Ibania Palacios y María Jesús Urquízar habrían cometido el delito de injurias agravado por la publicidad que le dieron a sus denuncias de acoso laboral. La primera de esas denuncias se hizo pública en noviembre del 2015, en una asamblea de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, cuando se inició un sumario administrativo contra el especialista en geografía histórica. Rápidamente se sumaron otras tres estudiantes. Cinco meses después, y con varias polémicas de por medio -como la renuncia del director de la carrera de Historia, Leonardo León, sancionado por acoso sexual y superior directo de Ramírez-, la decana María Eugenia Góngora firmaba la destitución del profesor, que ejercía la docencia allí desde 1981. La destitución, además, le impedirá trabajar en instituciones públicas por cinco años.

Según la querella de Ramírez, “las querelladas intencionalmente realizaron una serie de acciones públicas a fin de producir un daño permanente a mi honra e imagen personal y profesional”. Las estudiantes señalaron que sólo se manifestarán públicamente sobre la querella a través de su nuevo representante legal: el reconocido abogado y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Davor Harasic Yaksic, quien asumió este rol a solicitud de la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Faride Zerán.
 
El costo de denunciar el acoso. Las estudiantes contra las que se dirige la querella aún no reciben una notificación oficial, pese a que ya se les designó un defensor público penal. Sin embargo, se enteraron de la querella luego de que les llegara una oferta de defensa express desde una oficina de abogados en línea. Fue así como se les alertó de que tenían una querella penal en su contra, dando aviso a su vez a la Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la casa de Bello.

Para la directora de esta oficina creada en 2013, la socióloga Carmen Andrade, el apoyo institucional de la Universidad de Chile a las alumnas en esta querella es fundamental: “si en este caso se investigó y se llegó a establecer una sanción, para nosotros es muy importante como universidad que las víctimas no sientan que el desenlace final de la denuncia es contra ellas”. Esto, ya que distintos estudios como “Denunciar o sufrir en silencio” de la Dirección del Trabajo revelan que, a la larga, son quienes denuncian las que pagan el costo social de enfrentar el acoso sexual, ya que en un 52% cambian de trabajo u ocupación para no enfrentar a sus agresores impunes, las críticas que les valió denunciar o los problemas que enfrentaron con sus superiores por lo mismo.

Según Carmen Andrade, los estudios realizados al interior de la Universidad de Chile muestran que esta realidad se replica en el ámbito educacional, y que parte de los factores por los que estudiantes, académicas y funcionarias no denuncian es por desconfianza en las instituciones, temor de que repercuta en sus carreras y el juicio social que enfrentan. ”Con esta querella de Ramírez, la interpretación iba a ser de una represalia contra las estudiantes que denunciaron y vimos como muy necesaria que la universidad actuara”. Es por eso que la Vicerrectoría de Extensión y C0municaciones, unidad donde está la Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género, solicitó apoyo a la Facultad de Derecho. Quien asumió la defensa de las cuatro estudiantes fue el decano Davor Harasic junto con el conocido académico Gonzalo Medina Schulz, quien es director del departamento de Ciencias Penales de la misma facultad. 

Injurias y acoso sexual: ¿Cuál es la estrategia de Ramírez? “El daño que me han generado las querelladas a través de los actos que ellas han realizado no sólo resultaron en una afectación de mi imagen pública como docente y honra, sino que también dichos actos impulsaron la toma de decisiones por parte de la Universidad de Chile” señala Fernando Ramírez Morales en un apartado de “contextualización” de la querella. Así, divide los actos de “injurias” de las estudiantes que lo denunciaron en tres, de los cuales participaron como autoras: cinco artículos de prensa (de The Clinic, El Desconcierto y La Segunda), la realización de una asamblea de estudiantes de la carrera de Historia, la generación de carteles y panfletos con el nombre y acusaciones contra el profesor, y, por último, las publicaciones y comentarios de las cuatro estudiantes en sus perfiles de Facebook. Todas estas acciones las atribuye a la autoría de María Ignacia León, Francisca Orellana, Ibania Palacios y María Jesús Urquízar.

Para Bárbara Brito, integrante de la Secretaría de Género de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, esta querella no es sólo contra las cuatro estudiantes, sino que busca amedrentar a todo el movimiento contra el acoso que se generó en “la U”. Respecto a las asambleas y panfletos generados, que Ramírez atribuye a las estudiantes que denunciaron, Brito explica que “como secretaría fuimos parte de activa de la denuncia. Era muy importante generar movimiento alrededor de esta denuncia de acoso sexual. Pensábamos que la mera investigación en el decanato no era suficiente, sino que había que presionar y tener movimiento contra el acoso sexual, no sólo el de Ramírez sino que todos los que se viven en la universidad”, explica.

Para probar lo que exige la figura de injuria agravada con publicidad, esto es, que los dichos y acciones a lo largo del proceso que terminó en su destitución tuvieron por efecto deshonrarlo, desacreditarlo y menospreciarlo, Ramírez presentará como testigos a viejos conocidos de las estudiantes. Entre las siete personas que atestiguarían a su favor hay cuatro estudiantes de la Universidad de Chile y un profesor. Los estudiantes son compañeros de carrera de las denunciantes y dos de ellos trabajaron junto a ellas en labores al alero de Fernando Ramírez. Destaca, además, que se presente como testigo al profesor Leonardo León, su ex jefe, sobre el que pesan sistemáticas denuncias de acoso sexual en la Universidad de Valparaíso y la misma Universidad de Chile, las que fueron sancionadas en un sumario en la primera casa de estudios en 1999 e incluso recogidas en el capítulo del programa de investigación de Canal 13, Contacto, el pasado 10 de octubre. Otra de las testigos de Ramírez es una estudiante del programa de Pedagogía y actual pareja sentimental de Leonardo León.

Según Pablo Viollier, analista de Políticas Públicas de la ONG Derechos Digitales, la figura de querella por injurias con publicidad está en cuestionamiento. “Es una figura penal compleja, porque tiene consecuencias eventualmente negativas para la libertad de expresión. Es una figura que, efectivamente, se ha utilizado en el pasado para crear un efecto inhibitorio, en el sentido de que ciertas expresiones son susceptibles eventualmente de ser atacadas con esta figura tan amplia que es la injuria, lo que finalmente intenta acallar ciertos discursos”. En Derechos Digitales, explica Viollier, son especialmente críticos con la agravante de “injurias con publicidad”, la figura que ocupa Ramírez contra las estudiantes que lo denunciaron. “Corresponde a un tiempo anterior, donde efectivamente había que hacer un esfuerzo significativo y positivo para divulgar. Hoy en día, cualquier comunicación que realices en Facebook o Twitter son públicas, las acusaciones privadas ya casi no existen. Es muy complejo y la legislación ya no está respondiendo a las formas en que la gente se comunica”.

Esta fue la misma crítica que realizó el relator para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana para los Derechos Humanos (CIDH), Edison Lanza, durante su visita a nuestro país en agosto pasado. Analizando la hoy desestimada querella de la presidenta Michelle Bachelet contra la revista Qué Pasa por injurias y calumnias, Lanza declaró que “se excluye de responsabilidad a los periodistas que actúan reproduciendo información de un tercero y que es información de interés público”, agregando que “para casos de interés público, no debiera ser objeto de sanciones penales. Debería ser objeto de sanciones civiles bajo estándar de la real malicia, el funcionario que siente que ha sido ofendido debe probar que el medio actuó por negligencia, malicia temeraria, de publicar algo falso sabiendo que es falso”. “Esto tiene un efecto inhibitorio en el sentido de que después cualquiera que denuncie acoso sexual puede ser acusado de injurias”, explica el analista de Derechos Digitales.

Otro punto relevante es el que se presenten como pruebas publicaciones de Facebook. Para Viollier, “lo que va a determinar si es una prueba o no es la configuración que le dio la usuaria. Si le dio carácter de privado, se realizó una curatoría y se hizo cargo de que los receptores son sólo aquellas personas que considera de confianza, no son de carácter público. Si es así, esas comunicaciones son privadas y quien las comparte comete una infracción. Hay jurisprudencia al respecto en Chile en el ámbito laboral”, explica.

Con todo, en la Universidad de Chile están a la espera de que el Octavo Tribunal de Garantía resuelva -o no- la admisibilidad de la querella de Fernando Ramírez. Carmen Andrade señala que, en caso de que se acoja, desde la oficina dependiente de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones, esperan que “los tribunales tomen en cuenta el proceso administrativo que llevamos acá en la Universidad de Chile. Me parece de sentido común. La universidad investigó, dio todas las garantías de debido proceso y se formó todas las convicciones de que el castigo ameritaba”.+++++++++++
 
Carmen Andrade, Directora Oficina de Género U. de Chile: 
“En las universidades hay una actitud de no querer saber de acoso” 
Daniela Yáñez 01 Nov, 2016

El 27 de septiembre pasado, Fernando Ramírez, exprofesor de la Facultad de Historia de la Universidad de Chile destituido por acoso y abuso de poder, presentó una querella en contra de las estudiantes que lo denunciaron, por el delito de “injurias agravadas por la publicidad”. El caso, que fue revelado por The Clinic el 4 de febrero pasado, entregó detalles de la investigación que concluyó con su salida y con imposibilidad de ejercer cargos en entidades públicas por cinco años. Ante este escenario, la universidad asumió la defensa de las estudiantes, representadas por Davor Harasic, Decano de la Facultad de Derecho. Carmen Andrade (PS), exministra del Sernam y hoy Directora de la Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género de la U. de Chile, es una de las articuladoras de la estrategia que está llevando a cabo la casa de Bello. Aquí cuenta detalles de este proceso inédito en Chile y responde al cuestionamiento que este lunes hizo el profesor Fernando Ramírez en La Segunda, asegurando que el resultado del sumario está directamente relacionado con que la fiscal del caso era feminista. “Queremos que en la Chile se vaya rompiendo el silencio”, sentencia.
 
“La querella fue una muy mala sorpresa. Supe a través de una académica de la Facultad de Historia, apenas la presentaron en el Octavo Juzgado de Garantía de Santiago. Las feministas que trabajamos aquí tenemos una red de comunicación para hablar los temas que nos interesan y que muchas veces son vistos con hostilidad en nuestros ambientes laborales. De esa manera, todas nos enteramos. Apenas confirmamos la información, llamamos a las estudiantes. A esas alturas, desde la Vicerrectoría de Extensión, nos pareció obvio que debíamos ser parte en la defensa.

En la Universidad de Chile hubo un proceso, una investigación que llegó a la conclusión que el profesor había acosado a las alumnas. Él fue desvinculado, sancionado. Y si las alumnas finalmente sufren represalias por eso, sabiendo lo difícil que es denunciar, es tremendo. Queremos que en la Chile se vaya rompiendo el silencio. Por eso hablamos con la Facultad de Derecho para solicitar su apoyo y ellos dieron una respuesta rápida y potente. La defensa quedó en manos del Decano de la Facultad, Davor Harasic, ni más ni menos. Las alumnas se sintieron apoyadas y agradecieron el gesto, pero también exigieron que esta acción se institucionalice. Este es un hito que debemos transformarlo en una conducta permanente.

La violencia contra las mujeres y el acoso en general, me indigna. Cuando se trata de profesores hacia alumnas, me indigna aún más. Me resulta intolerable, porque creo que hay una relación de tanta asimetría de poder, que es un abuso extremo. Ellas piensan que si denuncian, van a tener efectos devastadores en sus vidas: de estos tipos dependen sus ramos, las prácticas, sus tesis. Y luego veo a este señor -Fernando Ramírez-, declarado culpable por la Universidad, ¿acusándolas de injurias y calumnias? ¡Qué rabia! La solidaridad que sentí con las alumnas fue inmediata. ¡Tienen 21 años, Dios mío! podrían ser mis hijas.

Pero esa empatía, no significa pérdida de rigurosidad. Acá nunca hubo una persecución. Cuando Fernando Ramírez descalifica a la fiscal de su caso por ser feminista, es no entender qué es ser feminista. El feminismo lo que establece es que los hombres y mujeres debemos ser iguales en la sociedad, en oportunidades, derechos, acceso al poder. Queremos una sociedad más justa. Es como que yo dijera que un abogado con formación en temas de Derechos Humanos no puede jamás involucrarse en una causa de violación de los mismos, porque perdería objetividad. Pero eso jamás se cuestionaría.

Este problema se ha guardado bajo la alfombra. El acoso se vive y sufre en silencio. Las frases “cuídate”, “no salgas de noche”, “avísame cuando llegues”, son típicas en toda familia. Una tiene aceptado que algo malo puede pasar. En las universidades se puede asumir que es distinto, pero es igual que en el resto de Chile. Por eso hay que ventilar esta realidad, aunque dé vergüenza, duela o sea injusto. Nosotros estuvimos dispuestos a pagar ese costo.

Las acciones que hemos llevado a cabo este año no son pocas. Hicimos documentos sobre el acoso desde la perspectiva de derechos humanos, realizamos seminarios, coloquios, conversatorios, talleres. También tenemos una Comisión de Acoso y un curso de formación general sobre violencia de género y acoso sexual. Pero hay muchas barreras. Nosotros nos regimos por el estatuto administrativo que no nos da las herramientas necesarias para tratar el problema. En Chile la violencia contra las mujeres está tipificada en el ámbito intrafamiliar, pero no la violencia de género en general. Por otra parte, está tipificado y sancionado el acoso sexual laboral, pero no en otros espacios. Por eso hacemos un llamado al gobierno para que cumpla lo que prometió en el programa: una ley integral de violencia de género que incluya el acoso sexual estudiantil.

También hicimos el primer estudio del país sobre acoso universitario. Aún está en proceso, pero puedo adelantar algunas cifras. El 26%, es decir, una de cada cuatro personas en la Universidad de Chile, ha conocido situaciones de acoso, y un 15%, declara haber sufrido personalmente acoso. Esa cifra es alta, pero al parecer estamos dentro del promedio internacional. En la mayoría de los casos, se reproduce el clásico: las víctimas son mujeres y los acosadores son hombres. Y lo más recurrente son profesores acosando alumnas y estudiantes hombres acosando a compañeras mujeres. Generalmente no hay denuncias, a pesar de que los encuestados declaran incluso haber sido testigos de situaciones de acoso en las salas de clase. Ese es el nivel de impunidad con el que estamos tratando en la Chile y no debe enorgullecernos.

En las universidades hay una actitud de no querer saber de acoso. Especialmente acá, donde hay un tema de autovaloración y prestigio muy fuerte. Yo que vengo de otros ámbitos laborales, me sorprende mucho esto de ponerse la camiseta universitaria. ¡Imagínate que los alumnos se denominan hijos de Bello! Hay una identidad muy fuerte. Lo cual es positivo, pero también puede provocar que cueste reconocer que en el espacio que yo amo y admiro, pasan estas cosas. Por eso debemos asegurarnos que nunca más una autoridad universitaria ignore denuncias de acoso, como sabemos que ha ocurrido. Sabemos el poder que cada Decano o Director goza en sus facultades y por lo mismo, hemos ideado mecanismos, como designar fiscales externos, para que el proceso se lleve a cabo lo más objetivo posible. No queremos volver a cometer errores que vulneren los derechos de nuestros estudiantes.

En la Chile se está haciendo lo que le corresponde sobre el acoso, ni más ni menos. Nos falta mucho para transformar la cultura universitaria. Esta querella es una prueba de ello, porque el exdocente incluso se atrevió a poner de testigo en la causa al ex Director de la carrera de Historia, Leonardo León, a pesar de que también ha estado involucrado y cuestionado por los mismos motivos que él. No lo comprendo, me dejó impactada. Pero no importa, sé que saldremos triunfadoras. Confío en la capacidad de Davor Harasic y también en las estudiantes denunciantes. Con ellas sí se hará justicia y podrán volver a sus vidas normales. Si el primer resultado no es a nuestro favor, apelaremos hasta conseguirlo. Es lo mínimo que esta universidad puede hacer por ellas y tantas otras”.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Obligadas a ser madres en Chile

Obligadas a ser madres en Chile
El transandino es uno de los cinco países del mundo donde el aborto todavía está penalizado en todas sus formas
 

El test de embarazo ha dado positivo. Repites la prueba. Ya no hay dudas, estás embarazada. No lo puedes creer o, simplemente, no lo quieres creer. Porque fuiste violada, porque no tienes ninguna capacidad económica de mantener un hijo, porque el médico te ha advertido de que el embarazado podría matarte o porque el feto es inviable. Solo se te pasa por la cabeza una cosa, la interrupción del embarazo sería la única forma de salir adelante. Piensas que es tú cuerpo, tú decisión. Pero existe un problema, la legislación chilena penaliza el aborto en todas sus formas. Hoy por hoy, la ley manda en el cuerpo de las mujeres. No hay excepción, en Chile eres una delincuente.

El Código Sanitario chileno prohibe cualquier acción cuyo fin sea provocar un aborto y el Código Penal establece penas de prisión para la mujer que lo realice y quien le ayude, sea o no un profesional de la salud. En la actualidad, sólo cuatro países del mundo comparten un nivel punitivo tan alto: El Salvador, Nicaragua, República Dominicana y Malta —cinco si se incluye El Vaticano—. “La criminalización total del aborto niega el derecho a la vida, a la salud, a la integridad física y psíquica, a la privacidad de las mujeres y niñas e implica un trato inhumano y degradante”, explica Ana Piquer, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Chile.

El pasado 17 de marzo y después de un año de debate, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley tres causales, que regula el aborto en caso de peligro de vida de la mujer, inviabilidad fetal y violación. Sin embargo, la nueva legislación todavía tiene que ser ratificada por el Senado, donde duerme desde hace meses. “Bajo la lógica de que hay que escuchar a todos, se disfraza el no legislar más rápidamente, el no votar”, critica Carolina Carrera, presidenta de la corporación Humanas. “El proyecto ya es bastante reducido y el temor que las organizaciones de mujeres y feministas tenemos es que todavía se reduzca aun más”, concluye. A día de hoy, el debate sigue abierto y la ley vigente, las mujeres que deciden abortar cometen un delito.

En el Senado lleva meses aparcada una ley para despenalizar el aborto en tres supuestos. El 73% de la población lo apoya

El aborto terapéutico fue legal en el país transandino hasta septiembre de 1989, cuando la dictadura de Pinochet, en uno de sus últimos coletazos, modificó el Código Sanitario para que la interrupción del embarazo quedará penalizada en todas sus formas. Sin embargo, las mujeres siguieron abortando, de múltiples maneras y por múltiples motivos. Según cifras del Ministerio de Salud, los egresos hospitalarios de mujeres por aborto son más de 33.000 al año. “La penalización no evita que las mujeres aborten, solo provoca que lo hagan en condiciones inseguras. Las mujeres en Chile abortamos”, sentencia Siomara Molina, directora de la campaña Yo decido y Soy libre. La prohibición impide establecer cifras totales precisas, pero diversos estudios estiman que el número de abortos por año va desde los 60.000 hasta los 160.000.

La ilegalidad ha condenado al aborto a la clandestinidad. Sin embargo, existen diversos métodos para interrumpir el embarazo. Desde viajes al extranjero o abortos en clínicas privadas hasta la introducción de instrumentos en la vagina o el uso de hierbas que provocan infecciones. Normalmente, la capacidad económica será la que determine la capacidad de hacerlo en condiciones más o menos seguras. “Hay mujeres que sí van a poder practicarse un aborto seguro, fuera de la legalidad, pero seguro. Y mujeres que no van a tener la posibilidad y en la desesperación puedan recurrir a mecanismos terriblemente peligrosos”, explica Ana Piquer. En la actualidad, el uso del Misotrol, un medicamento aprobado para tratar úlceras gástricas, ocupa un lugar principal. Se puede conseguir a través de las redes sociales y permite interrumpir el embarazo entre las 9 y las 12 semanas.

Más de 60 mil mujeres abortan en Chile cada año en condiciones inseguras

La falta de garantías ha motivado la aparición de redes de apoyo de mujeres, colectivos que informan, ayudan y acompañan a aquellas que toman la decisión de abortar. “Somos mujeres que estamos a favor del aborto y que sabemos que no podemos hacerlo solas. Es una medida de protección”, explica Valentina Aguilera, estudiante secundaria e integrante del colectivo Lemebel. La organización y el crecimiento de los grupos feministas, ha permitido que las redes de apoyo crezcan cada día. “El aborto se produce en condiciones de riesgo, de estigmatización social, de persecución jurídica y persecución policial; por eso son tan importantes las redes. No abortamos solo en nuestro cuerpo, si no en el de todas las mujeres que acompañamos”, cuenta Siomara Molina.

Durante el último año, la discusión sobre el aborto ha estado muy presente en la sociedad chilena. Se estima que el 73% población está a favor de despenalizar el aborto en los casos de riesgo de vida de la mujer, inviabilidad del feto y violación. No obstante, las tres causales representan menos del 5% del total de abortos que se realizan en Chile, lo que implica que la mayoría de mujeres seguirán abortando en la clandestinidad. Una reflexión más profunda se vuelve necesaria. La capacidad de las mujeres de decidir sobre sus cuerpos y la legitimidad del Estado para tutelar sus vidas es una pregunta de la que no se puede escapar.
Víctimas de una moral impuesta

Marisol Garcés —a la que todos llaman Sol—, estudia hoy en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. En diciembre del 2014 tenía 20 años y vivía en Valdivia. Pocas semanas después de acabar una relación de más de un año, se empezó a sentir extraña. Estaba embarazada. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue abortar porque no tenía la capacidad de tener ni mantener una guagua (bebé). Tuvo miedo. Sabía que tenía que hacerlo de forma clandestina, que el Estado y la sociedad la juzgarían. También tuvo vergüenza. Pero se acompañó de su hermana y no se resignó a ser una víctima, quiso tener la oportunidad de decidir. Su historia le pertenece a ella, pero hoy ha decido contarla.

Luego de vivir un aborto y después de sentir como todos decidían sobre su cuerpo y su vida, se ha dispuesto a tomar su experiencia por bandera. Salir a la calle junto a muchas otras y pelear junto a tantas más. “El aborto es algo muy real que nos afecta a muchísimas de nosotras y la única solución pasa por concebir la libre determinación sobre nuestros cuerpos como un derecho”, explica.
Sin alternativas seguras

Francisca González es socióloga y llegó desde La Serena a Santiago hace más de un año, donde vive con su marido y su hijo Lucas de tres años. En febrero del 2015, cuando estaba embarazada de siete meses, los médicos le comunicaron que su guagua venía con una cardiopatía congénita. A los trece días de nacer y tras una difícil operación, falleció su hija Trinidad.

Meses después, mientras intentaban seguir adelante, se enteró de que de nuevo estaba embarazada. Se alegró por la nueva oportunidad de ser madre, pero a las doce semanas el doctor observó que, una vez más, algo no estaba bien. La guagua tenía anencefalia, una enfermedad incompatible con la vida. El mundo se le vino abajo. Después de lo que había sufrido, estaba preparada para casi todo, pero no podía vivir un embarazo de nueve meses sabiendo que su hijo moriría al nacer. El aborto era la única opción.

martes, 1 de noviembre de 2016

Carmen Hertz y la Operación Exterminio: La historia de traición y valentía tras los crímenes de Calle Conferencia.


Carmen Hertz y la Operación Exterminio: 
Ivonne Toro Agurto 01 Nov, 2016

Hace tres años, la emblemática abogada de Derechos Humanos comenzó a escribir junto a la dirigente Pola Ramírez y al periodista Manuel Salazar la historia de la persecución al PC durante la dictadura. El libro será lanzado en Filsa este 1 de noviembre. En esta entrevista, Hertz cuenta cómo lograron descubrir la delación que terminó con la detención y desaparición forzada de la cúpula comunista en 1976 y de la solidaridad a toda prueba de los militantes de base. También aborda el anticomunismo que aún existe en Chile: “La campaña contra Camila (Vallejo) es tan horrorosa que en todas las encuestas aparece con un rechazo altísimo, ¿por qué va a tener ese rechazo una cabra que puso las demandas de los estudiantes en la agenda? Todos los irreverentes dándole duro a la Camila, ¿por qué? Porque es comunista, es mujer y es bonita”, sostiene. ************************

El caos se desató la madrugada del 30 de abril de 1976. Durante esa jornada, agentes de la DINA llegaron hasta el inmueble de Juan Becerra Barrera, ubicado en la calle Conferencia 1587, en Estación Central.

El lugar, un taller de carteras y zapatos de cuero, era además el recinto donde se reunía la cúpula del Partido Comunista en la clandestinidad y fue usado por la represión como una “ratonera”: retuvieron a los moradores, obligándolos a simular que estaban realizando actividades normales, para apresar a quienes debían acudir a la residencia a tomar decisiones sobre cómo organizar la rebelión a la dictadura. Lo mismo hicieron en otro inmueble de la familia de Becerra, ubicado en Alejandro del Fierro 5113.

Uno de los que cayó en la trampa de la Dina fue Lenin Diaz. El exdirector de Mineral La Exótica era parte de la dirigencia partidaria. El 9 de mayo se perdió su rastro. Días antes habían caído Mario Zamorano, Jorge Muñoz, Jaime Donato y Uldarico Donaire. Por años se creyó que en esa ocasión también había sido atrapada Elisa Escobar, la última persona que se sabe que tuvo contacto con Lenin. En Operación Exterminio se revela otra historia.

-Descubrimos algo que se sospechaba, pero no estaba documentado. Que ahí hubo una traición de esta pobre muchacha, Elisa Escobar. Ella era una antigua militante comunista y no hay certeza de cuándo la detienen. Creemos que fue en abril. La tienen entre rehén y colaboradora. Ella ya estaba colaborando cuando se arma la reunión de calle Conferencia. Elisa es enlace de Mario Zamorano y es ella la que va a esa casa que era de seguridad del PC. Aparecía como arrendatario el señor Becerra, que era un marroquinero, y esa casa se usaba sólo para las reuniones de la dirección del PC. Nunca iban todos. A esta reunión, por ejemplo, no fue Víctor Díaz, porque si estaba Muñoz, Cortés, no podía estar Díaz no podían estar todos. A una reunión llegaban no más de 5 personas en dos días, y se quedaban a dormir ahí.

-¿Cómo llegan a esta conclusión sobre el rol de Elisa?
-Hablamos largamente con la gente de Conferencia, que se quedaron en Suecia, y ellos ahora, mirando lo que pasó con calma, se han dado cuenta de que esa casa estaba vigilada y que Elisa Escobar estaba colaborando. Ellos habían notado, por ejemplo, que durante un tiempo hubo más vendedores ambulantes, que aparecieron dos buques maniceros que no habían visto nunca y que Elisa Escobar fue más veces a la casa de las que debía ir. Va tres veces, cuando debió haber ido una. Y ellos atribuyeron esto a una indisciplina, no le dieron mayor significado. Ella además es vista en varias oportunidad que dan cuenta de lo que estaba pasando.

-¿Por ejemplo?
-Ella aparece en la detención de Lenín Díaz. Él era el encargado de la infraestructura de seguridad del PC y trabajaba con Elisa Escobar. Él había pedido una reunión urgente porque no se había pagado el arriendo de algunos lugares, por ejemplo. En clandestinidad, era difícil enterarse de lo que pasaba con los demás y a Lenin lo cita Elisa el 8 de mayo en la casa del suegro de Lenin. Lenin le comenta esto a Pola y nada más. Lenin llega y se encuentra con Elisa, acompañada por alguien joven, y le dice que la reunión se postergó para el otra día. Al día siguiente, nuevamente se encuentra Lenin con Elisa y este joven que no sabemos quién es, pero suponemos que es alguien del partido, porque sino habría llamado la atención de Lenin, y sale con ellos. Dice “hasta luego suegro”, y nunca más se conoció su paradero. Además hay una pareja de arquitectos que tuvo oculto a Víctor Díaz, el secretario general del PC. Ellos fueron allanados ese mismo día 9 y la mujer, con quien yo hablé, señala que estando ella detenida en Villa Grimaldi, y siendo torturada, ella ve junto a los agentes a Elisa Escobar. Dice que ella está “fumando y peinada de peluquería”. Luego alguien la ve en junio en una micro y luego no se supo más de ella, no sabemos, por ejemplo, cuándo la matan.

-¿Hay antecedentes sobre cómo la quiebran?
-No se sabe cómo quiebran a Elisa. Según cercanos, ella era muy valiente, pero tenía un umbral del dolor muy bajo, una inyección la descontrolaba, y era también muy vulnerable frente a situaciones de peligro. Hay una anécdota muy concreta que cuenta David Canales, que se encontró con ella en 1974 en un café cerca de Londres, a sabiendas de que ahí había un centro de tortura. En un momento entran al café tres tipos con el pelo muy corto que evidentemente eran DINA y ella, a quien llamaba “Marcela”, porque esa era su chapa, se altera tremendamente. Él le dice “Marcela, cálmate, sígueme hablando, sigue conversando conmigo, saca un cigarro, te tienes que controlar. Tranquila”. Dice que tuvo que ser súper duro, porque se descontrolaba con facilidad. Entonces, si unes eso con la vulnerabilidad frente al dolor, probablemente por ahí la quebraron.

-¿Lograron saber cuándo fue detenida?
-Hay un agente que declara que el año ’76, sin decir el mes, ellos detuvieron a una mujer en el cine Recoleta, de pequeña estatura, muy delgada, comunista, dice él, que usaba una peluca rubia. Las esposas con las que la llevan le quedan grandes porque tiene las muñecas muy pequeñas y en algún minuto ella trata de tirarse a la calle, abre la puerta, pero no puede. Ese gesto revela lo que nosotros sabíamos, que ella era muy valiente. Nadie contrainterroga a este agente, pero la única persona tan chica, tan flaca y con peluca rubia del PC en la época, era Elisa. A mí me da una pena enorme.

SOBRE HÉROES Y TUMBAS. Detenidos Desaparecidos
Carmen cuenta que Apolonia Ramírez, activa dirigente de la agrupación de Familiares de Detenidos desaparecidos, fue quien quiso reconstruir la historia del PC en Chile. -Ella fue la compañera de Lenin Díaz. Pola tomó la iniciativa, porque aparte de ser una activista de derechos humanos, siempre investigó mucho qué había ocurrido con las víctimas, cómo fueron sus caídas, qué pasó con ellos. Todo eso era un misterio.

-¿Cómo investigaron?
-Nos abocamos a estudiar el proceso Conferencia, que tiene más de 90 tomos de investigación, 15 cuadernos secretos. Y decidimos entrevistar a los pocos sobrevivientes de la época. Ella convocó a Manuel Salazar, para que fuera el periodista que nos ayudara en la investigación. Fue muy largo esto, duró tres años y fuimos encontrando detalles que habían sido pasados por alto en la investigación, atando cabos con las declaraciones de los agentes que habían comenzado a hablar después de la declaración del famoso Mozito de Simón Bolívar y así nos fuimos enterando de muchas cosas sobre el exterminio del PC. Buscamos entender, como en otra época los hicimos en la Vicaría, cuáles eran los patrones de la represión.

-¿Qué establecieron?
-Que la caída en el 76 en manos de la Dina es porque tenían una vigilancia desde hace mucho tiempo, tenían información. Eso era desconocido por las familiares de las víctimas, porque nadie que está en la clandestinidad contaba en qué orgánica del partido operaba. Y por otro lado se desconocía el destino final de los comunistas, no así con el MIR, donde había sobrevivientes de Villa Grimaldi, de la Vende Sexy, que podían contar si habían visto algo. En el PC había sobrevivientes, pero muy pocos. Se comienza a saber qué pasó en 2007, cuando se conoce la existencia del cuartel de Simón Bolívar, de la casa de piedra del Cajón del Maipo. De eso no se sabía nada. Nos enteramos cuando personal de baja graduación cuenta que allí, por ejemplo, había sido llevada la gente de calle Conferencia y ahí había estado Víctor Díaz, que es visitado por Pinochet a quien le dice que eliminar al PC es como arar en el mar. Eso lo revela un agente. Lo otro era entrevistar a la escasa gente que sobrevivió de la dirección. Ellos tienen una política de silencio. No fueron a contar sobre el tema.

¿Por formación?
-Claro que sí. Y fuimos conociendo cómo este partido de masas, que tenía al momento del golpe representantes políticos, que estaba presente en todo el tejido social, porque donde había una organización, estaba el PC, tuvo que esconderse. Y eran conocidos. Todos en Curepto, por decir un lugar, sabían quiénes eran los comunistas. Ese partido, tuvo que pasar a la clandestinidad porque lo de González Videla era la nada al lado de la represión de Pinochet. Y aquel militante que no fue detenido y que no se tuvo que ir, con ese militante se podía contar para esconder a alguien o enviar algún recado.

-Con el riesgo que ello significaba.
-Porque operaba una solidaridad que se deriva de las profundas convicciones. Hoy eres un nerd si eres solidario. Por ejemplo, a Víctor Díaz, secretario general del partido en clandestinidad, lo cambian en algún momento a una casa en Belo Horizonte, que es donde definitivamente lo detienen, donde permanece casi un año. Los dueños de esa casa eran los ingenieros Jorge Canto y Sandra Vila. Él trabajaba en la Renoult y ella en el PNUD. Ellos, ambos separados, tenían entre los dos 4 niñitas y había nacido en esa época una hija en común que cuando llega Víctor, tenía dos meses. Ellos aceptaron tener a José Santos Garrido, como conocían a Víctor, como si fuera un tío del sur. Podían haberse negado a correr semejante riesgo, pero nunca dudaron de hacer lo correcto.

-Pos represión de los ’70, en los ’80 el PC vuelve a tener un rol protagónico .
-El PC fue heroico, intentó construir el frente antifascista. Esta gente no tenía nada, ni armas. A ellos los mataron por pasarse papelitos, por buscar asilo, por intentar construir una resistencia política. En diciembre del 76, ocurre lo de Reynalda Carmen Pereira. Ella tenía 27 años, siete meses de embarazo, y habían decidido que dado lo avanzado de su embarazo no iba a seguir en actividades peligrosas. Su actividad “peligrosa” era buscar asilo para perseguidos. Ella va a su punto de encuentro, la detienen, la llevan a Simón Bolívar, la torturan brutalmente, ella grita que está embarazada y le aplican electricidad al feto. Se muere la Carmen y la dejan tirada en el Gimnasio Simón Bolívar desnuda hasta el día siguiente. Seguramente la tiraron después a Cuesta Barriga y años después remueven esos restos y los tiran al mar. Imagínate el destino de Carmen. Y su actividad era esa, salvar a militantes que estaban en riesgo.

-Tras casos como este, se comienza a apoyar también la vía armada.
-Porque es un panorama de exterminio total, de gente desarmada, resistiendo. Esas decisiones políticas no surgen porque sí. Eso era defensa, y más allá de la división posterior con el frente, el surgimiento del FPMR y la política de rebelión popular, se explica en un cuadro de tiranía y en ese contexto hasta la Iglesia respalda la rebelión. Es como si se le reprochara a la resistencia francesa el haber hecho sabotaje a los nazis. Ahora todos rasgan vestiduras por el atentado contra Pinochet, cuando todos hubieran querido que resultara.

-El PC recién ahora se incorpora al Gobierno, ¿qué te parece que cada cierto tiempo desde la DC cuestionen su permanencia en el Ejecutivo?
-Esto viene desde la transición, cuando quienes pusieron el lomo en la resistencia, fueron aislados. Porque el lomo lo pone la resistencia popular, aquí Pinochet no se fue por el dedo de Lagos ni porque la publicidad del no fue tan bien hecha, no. La verdad es que las protestas populares de los ’80, que iban en la ruta de la insurrección y de una caída de Pinochet, no de una negociación con él -y que se tuerce con la llegada de asesores norteamericanos-, eran encabezadas por el PC. Así como la columna vertebral de las protestas fue el movimiento popular, la columna vertebral del movimiento popular fueron los comunistas. Ellos pusieron todo, y no fueron invitados al baile. Se les excluye y tenemos una transición respecto de la cual no se podía debatir, que tuvo luces y sombras y que no era el único camino, como se nos quiso hacer creer.

-¿Crees que en Chile quedó un estigma anticomunista?
-Terriblemente, y hay una falta de memoria colectiva o, de frentón, la memoria está distorsionada, tan demolida, tan poco construida. Imagínate a la DC pidiéndole cuentas a los comunistas. Los dirigentes DC conspiran para el golpe, con la sedición, porque eso es lo que hacen, no es una imputación, eso está en los informes del Senado de Estados Unidos. Otra cosa es que una vez producido el golpe, la base DC colabora desde el primer momento con el comité Pro Paz, y ahí conozco gente que hasta hoy quiero y respeto como Roberto Garretón, Jaime Hales. Y además nadie dice, nadie se acuerda, que en esta corrupción generalizada, el PC no está. Todos los partidos han recibido plata de las empresas, y los comunistas, no. Pero eso no se dice.

-Pero más allá de la DC, cuando se mide, por ejemplo, a Camila Vallejo, ella figura con un rechazo altísimo.
-Camila es una dirigente extraordinaria y además, es guapa. Eso es terrible, porque no aceptan que sea símbolo de la rebelión mundial. Y la campaña contra Camila es tan horrorosa que en todas las encuestas aparece con un rechazo altísimo, explícame ¿por qué va a tener ese rechazo una cabra que puso las demandas de los estudiantes en la agenda? Todos los irreverentes dándole duro a la Camila, ¿por qué? Porque es comunista y es mujer y es bonita. La pobre tiene que hacer esfuerzos por esconder su belleza, porque es como si fuera un defecto. Ella se arregla cero, anda a cara lavada al lado de estas pindis que hay de parlamentarias, con el pelo teñido, con una impronta tan vulgar. Bueno, lo cierto, es que Camila tiene un discurso coherente, argumenta bien, ha sido una excelente parlamentaria y se la castiga sólo por ser comunista. --------------------------


Operación Exterminio: La represión contra los comunistas chilenos (1973-1976)

Carmen Hertz, Apolonia Ramírez y Manuel Salazar 03 Noviembre, 2016

Escrito por Manuel Salazar, Carmen Hertz y Apolonia Ramírez, el libro recorre la historia de la brutal persecución de la dictadura de Pinochet al Partido Comunista. Los autores relatan la vida de los dirigentes y militantes del partido en los primeros años de lucha contra el regimen y cuentan episodios inéditos de las relaciones entre el PC chileno con Cuba, la RDA y la KGB. Aquí un adelanto exclusivo del capítulo La noche en Teatinos 416.
 
Reunión del Partido Comunista en 1973, poco antes de las elecciones parlamentarias de marzo. La noche del 10 de septiembre de 1973 en la sede principal del Partido Comunista, en la casona que aún existe en la esquina norponiente de las calles Compañía y Teatinos, a tres cuadras de la Plaza de Armas de Santiago, se reunió de urgencia el Pleno del Comité Central. Orlando Millas, uno de los principales ideólogos del Partido, integrante de la Comisión Política, informó que el golpe era inminente y que se había reducido al mínimo la cantidad de adeptos con que contaba el gobierno al interior de las Fuerzas Armadas. El presidente Salvador Allende estaba aislado, al igual que la UP y la clase obrera.

Luego intervino Mario Zamorano, el encargado de Organización. Leyó una lista con los nombres de los dirigentes que saldrían al día siguiente rumbo a las provincias con la tarea de informar sobre la situación a los comités regionales. Pasadas las 22 horas se puso término al encuentro. En el segundo piso siguieron trabajando los encargados del aparato militar y de inteligencia. En otras dependencias los miembros del equipo de Autodefensa que protegían el local empezaron a destruir papeles y a preparar las escasas armas y artefactos explosivos que se utilizarían en la defensa del recinto si era necesario.

David Canales Úbeda, a los 29 años, era uno de los principales integrantes de la seguridad comunista. Experto en Inteligencia y Contrainteligencia, formado en la República Democrática Alemana, RDA, se especializó en los asuntos más delicados del Partido. Al momento del golpe trabajaba en una oficina al lado del Secretariado, en el local de Teatinos. Recuerda:

Como a las tres me pasaron a buscar Carlos Toro y Mario Silberman. Este último pertenecía a la intelectualidad del Partido que trabajaba en las diversas estructuras del gobierno. Se había levantado la Marina, y la Escuadra –que había zarpado hacia alta mar con la excusa de la Operación Unitas– regresó sorpresivamente y copó Valparaíso y los puertos estratégicos. Fuimos a la sede de Teatinos 416. Allí permanecían varios de los compañeros de Autodefensa y nos pusimos a «limpiar» el local. Les encargué a los viejos que quemaran todo lo que les dejé para quemar. Con Carlos Toro nos dimos unas vueltas en auto y fuimos a hablar con el equipo de Arnoldo Camú, el jefe del aparato militar del Partido Socialista. La reunión se hizo en una casa de ellos y fue muy mala. Estaban en absoluto desacuerdo con nosotros y nos miraron con mucho desprecio. Ellos querían actuar, resistir. Habíamos trabajado muy bien juntos, pero en ese momento tan crítico no estuvimos de acuerdo.

De allí, con Toro nos fuimos a la sede de calle Vergara, donde debía concentrarse la Dirección del Partido. Llegamos como a las 7:30 de la mañana. En el lugar se constituyó la Comisión Política y todo el Comité Regional Capital, que era muy fuerte políticamente, la base del equipo central de organización de todo el país. El secretario era Jorge Muñoz Poutays, un hombre brillante. La Dirección había previsto en las semanas previas que si se producía el levantamiento militar, el local de Teatinos se cerraba definitivamente, se sacaban todas las cosas, se escondía o se quemaba lo que pudiera ser capturado y el punto de encuentro, sólo para tomar las decisiones de último minuto, sería Vergara, el recinto del Regional Capital, a las 9 de la mañana.

Todos llegaron mucho más temprano de lo previsto, ya que nadie durmió. Hubo una reunión formal para hacer entrega del mando del Partido a la dirección clandestina, que ya estaba nominada y preparada para asumir. El compañero Luis Corvalán se expresó muy brevemente y repitió en forma sucinta las instrucciones del Partido.

En Vergara se reunieron los jefes de los comités regionales de Santiago más algunos de provincias que por diversos motivos estaban en la capital. Se pusieron de acuerdo en ciertos detalles y salieron a cumplir lo que había que hacer. La mayoría de ellos eran viejos dirigentes del partido que habían trabajado en el aparato interno durante muchos años. Me refiero a Víctor Díaz, Óscar Riquelme, Mario Zamorano, Rafael Cortez y Américo Zorrilla, entre otros. Eran reconocidos líderes del Partido y conocedores de la antigua clandestinidad. Luego venía un grupo más joven pero muy capaz. Ahí estaban Jorge Muñoz, José Weibel y Mario Navarro, el mejor y más joven de los que dirigían el área sindical.

En esa misma reunión Corvalán corroboró lo que el Comité Central había decidido.

–Nosotros no estamos más que cumpliendo las instrucciones que nos dio la Comisión Política. Vamos a intentar salvar a esta parte de la Dirección dejándola fuera del equipo clandestino. Algunos tendremos que salir del país y otros tendremos que escondernos largo tiempo. Los que dirigen son los compañeros designados por la Comisión Política –dijo.

Y agregó:

–También ratificamos la decisión del Comité Central, que implica que si el golpe tiene las características que parece tener, como lo hemos visto desde hace días, eso indica que no fuimos capaces de atraer a una parte de las Fuerzas Armadas para apoyar a Allende. No somos capaces de resistir a las Fuerzas Armadas unificadas y en plan de guerra. Debemos replegarnos ordenadamente para salvar a la organización de la pérdida y de todas las acciones desmedidas de los golpistas. El Partido pasará a tener un papel más importante, porque va ser el Partido que va a quedar más entero. Vamos a pasar a tener mayor incidencia aún en los acontecimientos durante este régimen fascista que se nos viene encima y obviamente las formas de lucha tendrán que ser distintas. Vamos a partir reorganizando el Partido y daremos una principal importancia a la propaganda y a la difusión de nuestras ideas.

Eran cerca de las 11:30 de la mañana. Se escuchaba el tableteo de las ametralladoras y disparos desde diversas direcciones. La calle Vergara, que une la Alameda Bernardo O’Higgins con el actual Parque O’Higgins, estaba rodeada de unidades militares que se estaban movilizando hacia el centro de la ciudad. Era necesario salir de ese lugar. Alguien me tomó del brazo. Era Óscar Riquelme, que me ordenó:

–Usted maneja. Voy yo, usted y dos personas más. El resto se va por otro lado. Vamos.

Llegamos a su casa, en la calle Santiaguillo, muy cerca de Avenida Matta, en el barrio San Diego. La vivienda era modesta, aunque muy acogedora, típica de un viejo y esforzado trabajador. Riquelme era el jefe de todo el aparato militar y de seguridad del Partido, que vivía ya largos años de opacidad política por obvias razones. Su compañera se metió a la cocina a preparar café y en eso llegó el resto de la gente: Víctor Díaz, Mario Zamorano, Rafael Cortez, Jorge Muñoz, Mario Navarro, Américo Zorrilla y José Weibel. La reunión fue muy breve y ejecutiva. Todo se había discutido muchas veces, estaban todos de acuerdo y tenían claros los papeles que debían cumplir. Don Víctor habló –como siempre– en forma pausada, breve y clara:

–De aquí en adelante la vida va a cambiar. Tenemos que aprender a adaptarnos a las nuevas condiciones. Tenemos que ser muy rigurosos en el cuidado del colectivo y ceñirnos a las reglas que hemos pensado y repensado. Vamos a vivir de manera sencilla para pasar desapercibidos.

Se limitó a nombrar no más de un par de responsabilidades, por cuanto el resto les sería informado privadamente. Repasó el método de funcionamiento; los consejos prácticos para constituir los aparatos especiales: enlaces, infraestructura, distribución de los medios materiales, seguridad; y, los aparatos intermedios: los coordinadores zonales, comités regionales, comisiones nacionales.

Luego repitió algunas normas propias de la clandestinidad:

–Lo que cambia es que nunca más nos reuniremos todos, sino por fragmentos. Tampoco nos vamos a ver siempre, usaremos el sistema de buzones y enlaces. No podemos seguir estando juntos todos los días, pero debemos seguir teniendo relaciones inmediatas, mantenerlas pero sin que sean descubiertas. Cada uno sabe sus tareas. Se acabó la reunión. Ahora, un breve tiempo para que ultimemos detalles bilateralmente y nos retiramos.

Pasaron unos 15 minutos donde se trasmitieron datos de enlaces y buzones.

–Está bueno, despidámonos.

Tras abrazarse, estrecharse las manos y darse algunos palmazos en las espaldas, comenzaron a salir. Yo me paré en el pasillo y los fui revisando uno por uno. Les saqué todo: fotografías, carnets, billeteras, libretas, papeles sueltos y toda identificación o referencia personal. Fue poco agradable. Me miraron hoscos. Uno quería llevarse el carnet del partido como recuerdo, otro quería una foto de su familia. Fui implacable, pero nadie protestó, sólo me miraron feo. Junté todo, lo quemé y lo tiré por el desagüe. Abracé a los últimos con la garganta apretada. Nos marchamos a pie cada uno por una ruta distinta. Sólo don Víctor y don Américo se retiraron en auto. Yo mismo me aseguré de que los vehículos que usamos para llegar fuesen dejados muy lejos del lugar.

Era el comienzo de un largo y muy duro período de clandestinidad.

Dibujos inéditos sobre la dictadura argentina desvelan al Antonio Berni más comprometido

 








Dibujos inéditos sobre la dictadura argentina desvelan 
Una muestra en Buenos Aires saca a la luz más de 200 obras del artista halladas en carpetas durante una mudanza

Un hombre interrogado y torturado en presencia de un jefe militar, otro chupado en plena calle por dos uniformados frente a un Ford Falcon, otro golpeado por varios militares en círculo. Los tres violentos dibujos fueron realizados por Antonio Berni (Rosario, 1905 - Buenos Aires, 1981) en plena dictadura argentina y nunca antes habían sido expuestos en público. La extraordinaria muestra Antonio Berni. Revelaciones sobre papel 1922-1981 que se inaugura hoy en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba) expone más de 200 dibujos inéditos del célebre artista argentino hallados en carpetas durante una mudanza en Buenos Aires.

Dibujos inéditos sobre la dictadura argentina desvelan al Antonio Berni más comprometido Fotogalería: Berni, cronista gráfico del horror de guerras y dictaduras. "Se trata de un conjunto que bajo la mirada actual adquiere una nueva significación como testimonio y registro de nuestra historia, como fuente individual y colectiva de memoria", asegura el comisario de la exposición, Marcelo Pacheco. Gran conocedor de la obra del rosarino, Pacheco describe a Berni como "un dibujante compulsivo", que ya atesoraba papeles, cuadernos y lápices desde niño. En diálogo con EL PAÍS, el comisario señala que "en el dibujo encontró un medio de expresión diferente al de la pintura", "un lugar de abundancia y libertad" en el que muchas veces plasmó realidades que no quería o podía mostrar en un lienzo.

El compromiso social de Berni era ya ampliamente conocido a través de obras maestras como Manifestación (1934) -que refleja la gran depresión de Argentina en los años 30- y la serie de Juanito Laguna, en la que expone la pobreza de los habitantes de las villas miseria de Buenos Aires, entre muchas otras. Sin embargo, se desconocía hasta ahora que hubiera inmortalizado también las atrocidades perpetradas por la última dictadura (1976-1983), a la que no vio terminar. Los dibujos, realizados en témpera, acuarela o tinta sobre papel, provocan escalofríos y confirman al artista argentino como un atento cronista de lo cotidiano y lo social. Además del régimen militar argentino, en la muestra queda retratada su mirada crítica sobre las guerras de Corea y Vietnam y de otras dictaduras latinoamericanas, como la chilena.

Inés Berni, nuera del artista, opina que el dibujo fue para él "una manera de expresión portátil". Dibujaba mientras comía, mientras viajaba, en medio de una reunión o de una fiesta. Recién llegada de Europa para la pre-inauguración, se confiesa "emocionada" al recorrer esta exposición poblada por muchos dibujos que ve "por primera vez".
"Piel de gallina"

El origen de este tesoro se mantiene en suspenso. Solo se sabe que estuvieron largo tiempo guardados en carpetas en la vivienda de una familia "cercana a Antonio", en palabras de la directora de la galería Cosmocosa, Amparo Díscoli. Al vaciar la casa para hacer una mudanza, en 2014, las obras salieron a la luz y se las entregaron a esta galerista para que las pusiera a la venta. "Se me empezó a poner la piel de gallina cuando abrí y vi todo lo que iba apareciendo", describe Díscoli. Me di cuenta de que era imposible tasarlas porque había cosas que nunca había visto", continúa. Por ese motivo, consultó a Marcelo Pacheco, quien le propuso exponerlas en el Mamba.
 
Fascinación por El Bosco. Al igual que las miles de personas que en los últimos meses hicieron fila en el Museo del Prado para ver los cuadros de El Bosco, Antonio Berni también quedó fascinado por el pintor holandés durante su estadía en Madrid, entre 1925 y 1926.

"Su entrada en Europa no fue por París sino por Madrid. Obviamente estuvo en El Prado y obviamente conoció a El Bosco", detalla Marcelo Pacheco, comisario de la exposición. En la muestra pueden verse cinco dibujos eróticos realizados a fines de los 60 o principios de los 70 en los que el artista argentino reinterpreta escenas de El jardín de las delicias.

"En el caso de El Bosco hay un atractivo particular por el hecho de que Berni formó parte durante unos años del grupo surrealista en París y dentro de ese grupo El Bosco era uno de los artistas a los que hacían referencia constantemente". La exposición está organizada mayoritariamente por ejes temáticos, cada uno con su propia cronología aunque con vínculos entre sí, como los desnudos que muestran el intenso trabajo de Berni sobre la figura femenina o los retratos hechos por encargo -con los que se costeó buena parte de su vida cotidiana- y los que dibujó como parte de su búsqueda estética personal.

Los paisajes de la Rosario de los prostíbulos de su juventud y la Mar del Plata aristocrática de mitad del siglo XX marcan la evolución del veinteañero que viajó a París para reforzar sus estudios y donde conoció la pintura metafísica, el surrealismo y el compromiso con la realidad política y social que marcó su obra hasta el final, y originó emblemáticas figuras como Juanito y la prostituta Ramona Montiel. Berni es uno de los pintores argentinos más cotizados, junto a otros como Benito Quinquela Martín, Raúl Soldi, Juan Carlos Castagnino y Lino Spilimbergo. Las obras expuestas ahora no solo muestran una faceta poco conocida de este artista sino que permite asomarse también a su manera de trabajar. Lamentablemente, la vida pública de los dibujos será efímera: cuando finalice la exposición, gran parte regresará a manos privadas.

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